No podía renunciar a mi vida humana, pero sentía como si Acuarïe, ese mundo submarino que, en aquel entonces, era desconocido para mí, me llamara... Me incitara a quedarme en él, descubriendo sus secretos y llegándole a querer tanto como amaba mi mundo huma... esto... nemhirie.
Así que decidí quedarme con los dos.
Ahora, Atlantia me había tomado de la mano y me llevaba con ella hacia la puerta, saliendo de la habitación:
-Ven, quiero enseñarte algo.- me dijo.
Yo la seguí sin dudar, con una extraña curiosidad que hacía que quisiera salir de aquella habitación al exterior, deseando ver de cerca el que sería mi segundo hogar.
Salimos de la habitación y, ante nosotras, un largo pasillo de mármol blanco se extendía a derecha e izquierda, Atlantia tomó la dirección de la derecha y me condujo a través de aquel interminable pasillo en el que, a ambos lados de él, se abrían más puertas y alguna que otra ventana por la que entraban los bellos rayos del sol, iluminándolo. El techo parecía hecho de cristal, y aunque era transparente, no dejaba entrar tanta luz como las ventanas por algún extraño motivo. Sino que la luz que entraba a través de aquella alargada cristalera, era menos intensa que la que se filtraba por las ventanas, creando aureolas de luz en el suelo y en las paredes, no estoy muy segura, pero en las figuras de luz que se proyectaban sobre el suelo me pareció ver algún que otro paisaje inusual... Recuerdo que, en uno de ellos, se veía una pirámide que me recordó a las que hacían los mayas, en otro, un palacio de torres elegantes y afiladas que se alzaban hacia un cielo lleno de estrellas, en otro, seis círculos, no me preguntéis por qué pero al verlos pensé en el Sol, formando un arco precioso, un barco que parecía navegar sobre una especie de mar esponjoso... "Un mar de nubes" pensé, un poco sorprendida ante aquel pensamiento. Un poco más allá, se divisaba la imagen de la llama imperiosa de un fuego...
Las imágenes eran preciosas y parecían tener movimiento propio, me encantaron. Llegamos al final del pasillo y Atlantia movió la mano que le quedaba libre como siquiera empujar algo invisible, sentí vibraciones en el agua que se encontraba delante de mí y la gran puerta de madera que estaba ante nosotras, se abrió lentamente, obedeciendo a la voluntad de Atlantia. Me quedé con la boca abierta y Atlantia rió:
-Terminarás acostumbrándote, Aqua.
Yo cerré la boca de nuevo, pero no duró mucho, porque, ante mí, el reino de Acuarïe se alzaba en todo su esplendor.
Rizos de luz de sol se colaban por cualquier edificio, haciendo brillar la piedra blanca en los que estaban construidos, además, noté otra semejanza entre los edificios; todos tenían el mismo tipo de techado, todos tenían el maravilloso cristal traslúcido. No sabía por qué, pero, una parte de mí (supongo que Mireia) se sintió encantada por aquello, por aquel cambio, y también por volver a ver a su reino sano y salvo. Incluso esa especie de templo griego también tenía ese techo, miré a mis espaldas y contemplé el hermoso castillo que se presentaba ante mí y que había sido el primer lugar que había guardado mi sueño en mi primera noche en Acuarïe.
Estaba hecho también en piedra blanca, pero aprecié que esta estaba más pulida que las otras, la fachada era impresionante, calculé que medía por lo menos sesenta metros y creí que las grandes torres de forma circular que se divisaban desde allí casi rozarían la superficie del agua. Aprecié también que había algunas partes de la fachada adornada por algas de muchos colores, algunas de ellas cambiaban de color por la luz del sol, dando a la fachada del palacio un ligero toque coloreado que destacaba muy bien con el pálido blanco del muro:
-Uau...- fue todo lo que pude articular mientras veía cómo un banco de peces de color negro pasaba ante las ventanas del palacio.
Sentí la mirada orgullosa de Atlantia hacia el palacio:
-Yo no lo hubiera descrito mejor- sonrió.
-¿Lo has... construido tú?- pregunté, mirándole perpleja.
-Parte, no todo, simplemente he rejuvenecido Acuarïe, dándole un toque más... más...
-¿Humano?
Ella sonrió:
-Llamémoslo así.
Tras aquello, comenzamos a recorrer la ciudad a nado, yo me sentía extrañamente como en casa, podía cruzar el agua sin hacer apenas algún esfuerzo, parecía como si las aguas de Acuarïe fueran mucho menos densas que las de los mares nemhiries. Además, cada vez me iba acostumbrando un poquito más a esas sensación de poder respirar bajo el agua, ciertamente, era una sensación rara, pero yo me sentía bien.
Cruzamos la ciudad y llegamos a un claro a las afueras de esta, Atlantia paró y me dijo, señalando el horizonte:
-Mira, Aqua.
Yo obedecí y quedé atónita, era un atardecer, vale, puede que sea un atardecer normal y corriente para algunos, pero para mí era muy especial y me sentía afortunada de poderlo contemplar. Veía como los rayos del sol se hundían en el mar... ¡pero desde dentro de este!
Fue impresionante, la luz rojiza del atardecer se derramaba a través de la tierra que se encontraba bajo mis pies, haciendo brillar las plantas y dando a mi piel un extraño color entre anaranjado y dorado. Dos lágrimas cayeron por mi rostro, sintiendo cómo Mireia y mi "yo", Cielo sobre Agua, se conmovían. El espectáculo se prolongó lo que debieron de ser varios minutos, después, la tierra se tragó los últimos resquicios brillantes del sol y la luz de la luna tiñó de plata el mar de Acuarïe.
Caí en la cuenta de que Atlantia no había dicho una palabra en todo ese tiempo y me volví hacia ella, cuya mirada parecía estar cargada de... ¿emoción? Al cabo de unos segundos, habló, solemne:
-Bien, Cielo sobre Agua, que Mireia te haya elegido a ti para acompañarte durante toda tu vida no ha sido casualidad, no ha sido el azar el que ha hecho que Mireia se decidiera por ti... Cuando las acuarïes murieron aplastadas bajo toneladas de arena -un escalofrío recorrió mi espalda.- sus almas se separaron de sus cuerpos y viajaron al mundo nemhirie con una sola misión, con un solo objetivo: encontrar aquellas humanas recién nacidas o a punto de nacer que formaran la nueva generación de Acuarïe. Y tú fuiste elegida. No me preguntes cómo lo sé, porque es una larga historia y ahora mismo sólo me interesa que contestes a esta pregunta.
Atlantia calló, mirándome a los ojos, verde acuoso contra marrón oscuro, indagando en mi interior:
-Cuando te pregunté sobre qué vida elegirías y tú dijiste que las dos, lo tuve claro, sabía que Mireia sabía qué tenías que hacer. Ahora bien, dime, Cielo sobre Agua, ¿aceptarás ayudarme a encontrar y traer a Acuarïe a todas las demás chicas en cuyo interior poseen a una acuarïe de antaño, como tú?
Callé, totalmente sorprendida, no sabía qué conllevaría esa misión, no sabía ni siquiera exactamente qué clase de ser vivía en mi interior, vale, tenía una ligera idea, pero si tenía que convencer a otras como yo para que se aceptaran tal y cómo son, primero tendría que conocerme a mí misma, ¿no? Mi cara, otra vez, debía de ser una mezcla de sorpresa, miedo y admiración ante esa petición tan mágica, por lo que Atlantia sonrió y dijo:
-Claro que yo te enseñaré a usar tus poderes y los diferentes secretos que tienen tus poderes y este mundo, primero conocerás Acuarïe y luego, saldrás a Ialanthilïan. Ya verás, te gustará.
-Está bien, acepto- sonreí tímidamente, y Atlantia sonrió, no estuve muy segura en aquel momento, pero me pareció verla suspirar, aliviada, como si se hubiera quitado una preocupación de encima.
La verdad es que creo que, en ese momento, hice bien al aceptar, era justo lo que necesitaba. Alguien que me ayudara a realizar la misión y conocer más y mejor a Mireia, a mi parte de acuarïe, y... ¿quién dijo que aprender no sería divertido?
Continuará...
Mireia
Vale, recapitulemos, estaba en un palacio bajo el mar, con una mujer que decía que era un ha... Bella Gente, que además me aseguraba que yo pertenecía a ese mundo, a un mundo que estaba sumergido en el mar de... ¡Espera! Porque esa era otra, ni idea de en qué mar de la Tierra estábamos, Atlantia había dicho que pertenecía a un reino llamado Ialanthilïan: "El reino de las hadas, Cielo sobre Agua", me dije a mí misma...
Era todo tan confuso.
De repente, caí en algo muy importante, a ver, yo era humana y se supone que los humanos no puede respirar bajo el agua, entonces, si esa idea seguía presente y omnipotente, ¡¿qué hacía yo allí, viva?! Porque lo mejor es que respiraba como si aún estuviera en la playa.
Me toqué la cara.
Nada.
Ni una mascarilla de plástico conectada a bombas de oxígeno ni nada que un humano normal y corriente hubiera necesitado para llegar hasta esa profundidad sin ahogarse. Me giré para hablar con Atlantia y no pude hablar, porque la mujer se había quitado la máscara con la que la vi en la playa, rebelando su verdadero rostro.
Sus ojos tenían un extraño color verdoso y brillaban como la plata, su rostro era fino como sus labios y su nariz, pequeñita. Los cabellos azulados flotaban a su alrededor y me miraba atenta, como intentando adivinar mi reacción, al fin, dijo:
-Sé que no es algo fácil de asimilar pero es la verdad Cielo sobre Agua, tú no eres humana, tienes rasgos porque has nacido de padres humanos pero no lo eres en el fondo de tu ser.
Algo dentro de mí se volvió a agitar, dándole la razón y dije:
-Pero... es imposible... Nunca...
-¿Nunca has tenido ninguna experiencia que te hiciera cuestionarte quién eres en realidad?- Atlantia se sentó en el tocador y, en el espejo, sonrió.- Claro, tu alma no te iba a decir a grito pelado: "¡No soy humana! ¡Pertenezco a otro mundo!" Es algo imposible... Pero seguro que, en alguna ocasión te has sentido diferente, y seguro que el agua estaba presente.
Hice memoria y me acordé de algo:
-Una vez, unas amigas y yo, sin decir nada a nuestros padres, decidimos ir a hacer una excursión al bosque que hay junto al pueblo en el que vivo. Salimos por la mañana y, al mediodía, paramos para descansar al lado de un río precioso, pero como estábamos cerca de su nacimiento, la corriente era fuerte. Una de mis amigas, mientras corría detrás de otra amiga porque esta última le había hecho una broma pesada, se cayó al río. Se sujetó a una roca, pero la corriente era fuerte y no nos iba a dar tiempo a volver al pueblo para ir a buscar a alguien que nos ayudase, una de mis amigas cogió nuestras sudaderas y las enrolló haciendo una cuerda para lanzarle a la pobre chica- hice una pausa, recordando.- Cuando la cogió, tiramos para sacarla de allí, éramos muchas y la chica nadaba todo lo deprisa que podía, pero aquello se nos hacía cuesta arriba. Estábamos todas desesperadas y yo deseé, quizás también a la desesperada, que el río parara sólo un momento, sólo el tiempo suficiente para sacar a mi amiga de él. De repente, la corriente furiosa se transformó en un suave lecho de agua y todas, aún sin comprenderlo, no quisimos tentar a la suerte y tiramos con todas nuestras fuerzas, sacando a la chica de allí. Lo extraño es, que cuando volví a mirar al río, mis labios murmuraron inconscientemente un: "Gracias" e, instantáneamente, volvió a correr tan rápido como antes.
Callé, recordando que mis amigas se quedaron con la boca tan abierta como yo, pero no le dieron más importancia ya que la chica rescatada estaba temblando y totalmente empapada, por lo que nuestra prioridad era volver al pueblo. Atlantia interrumpió mis pensamientos, y, mientras se peinaba lentamente con un cepillo que había cogido del tocador, sonrió y dijo:
-La forma que usó tu alma acuarïe para manifestarse en ese momento fue como defensa ante el peligro, conseguiste, mediante el fuerte deseo de salvar a tu amiga, que tu parte no humana se revelara y se pusiera en contacto con el río, que era parte de su ser, del agua.
Os mentiría si dijera que en ese instante entendí todo lo que la reina me dijo, así que, lo único que puedo deciros es, sencillamente, que no podía creerme que todo eso me estuviera pasando a mí. Mi cara volvería a ser un poema, por lo que Atlantia se levantó y, volviéndose hacia mí, continuó:
-Pero tu esencia de acuarïe no es tuya propiamente, sino de otra acuarïe que un día vivió aquí y que se ha refugiado en ti.
"Perfecto, ahora estoy poseída" pensé, irónica. Pero como no podía estar más tiempo callada, dije:
-¿Tengo a otra persona viviendo dentro de mí?
Atlantia rió y su risa sonó a la caída del agua de una cascada:
-No es así cómo funciona, es demasiado largo y complicado de explicar, puede que algún día llegues a entenderlo, pero hoy creo que lo único que podría hacer sería contarte la historia de ese ser etéreo que vive en tu interior, protegiéndote. ¿Te gustaría escucharla?
Asentí y me senté en la cama, qué más daba otra extraña cuestión más, si total, lo más grave ya había pasado. Ahora tocaba aceptar la situación:
-Pues bien, te haré un resumen, ya que la historia de Acuarïe es muy larga y, si tienes interés podrías leerte el "Libro Magno de Acuarïe" donde se cuenta toda la historia...- aquel "Libro Magno de Acuarïe" sonaba a un gran volumen de páginas amarillentas, con polvo en las tapas... "¿Se podía cubrir un libro de polvo bajo el agua?" os juro que, ahora, cuando pienso en esa estúpida pregunta que me hice en aquel momento me entran ganas de pegarme. Pero claro, en aquel momento y con todo ese cacao mental, aquella pregunta parecía lo más lógico del mundo.
Entonces, me perdí en la voz de Atlantia, que hablaba de cuatro chicas excepcionales, que habían recorrido todo Ialanthilïan, que eran amigas, que habían hecho cosas excepcionales... Entre ellas, una que mi corazón y el de Atlantia nunca olvidarán, una de esas chicas, una de pelo verde, restauró, no, mejor dicho, revivió a Acuarïe, del desierto en el que se había convertido por un hechizo, en el gran océano que era antes y ahora...
-Yo conocí a esa chica y a sus amigas, yo le reproché que había sido la única superviviente después de la catástrofe, ya que había sido su madre quien conjuró el hechizo- Atlantia miró por la ventana, su mirada se perdió en un recuerdo lejano.- Ellas me ayudaron, ellas me colocaron en el trono de Acuarïe, ellas eran y son... mis amigas, puede que las únicas verdaderas amigas que he tenido. ¿Sabes Cielo sobre Agua...?
-Llámame Aqua- le dije.
Una media sonrisa asomó en sus labios y continuó:
-¿...Aqua? Las acuarïes de antaño éramos frías y cerradas, traicioneras y silenciosas... La acuarïe que vive en ti lo sabe bien, ya que era una de mis amigas, se llamaba Mereia y era la persona en la que más confiaba. Me cegué tanto en la confianza que no vi la traición que me aguardaba, le conté uno de mis secreto más privados y no se lo pudo callar, se lo contó a otra y el rumor se propagó hasta que caer en manos de alguien que me odiaba a muerte y que lo fue pregonando de marea en marea, hasta que todo Acuarïe lo supo. Todo el mundo sentía lástima de mí y eso me molestaba muchísimo, odiaba que me vieran como alguien débil y, a partir de ese momento, perdí la poca lealtad y sinceridad que me quedaba y me volví como las otras.
De repente, sentí la necesidad de pedir disculpas, no sé por qué si yo no había hecho nada, pero tenía que hacerlo:
-Perdóname, Atlantia.
Ella pareció salir de su ensoñación y me miró, con el ceño fruncido:
-¿Mi... Mireia?
-Sí, soy yo, bueno, en parte...- las palabras escapaban de mis labios, había perdido todo el dominio sobre mí, mis labios, sin yo quererlo, se curvaron en una media sonrisa y otra parte de mí, supongo que sería la que no pertenecía a Mireia, se asustó, ¿qué estaba pasándome?
Atlantia estaba cada vez más sorprendida:
-¿Cómo es posible?
-No puedo decir nada más Atlantia, esto me agota, sobreponerme a la esencia de Aqua me sobrepasa y puede que no lo pueda volver a a hacer, sólo quería pedirte perdón por lo que hice, sé que estuvo mal... Pero, como has dicho, antes no éramos como las que tienen que ser ahora.- dijo Mireia, con mi voz, y a pesar de que aquello me asustase, pude sentir cierta curiosidad por aquella última frase "no éramos como las que tienen que ser ahora..."- Adiós, Atlantia, suerte...
Su voz se apagó en mi voz y pude sentir cómo todo volvía a ser como antes en mi interior, Mireia no volvería a salir de aquella forma, lo supe en aquel momento, todo lo que quería decir ya estaba dicho y, cuando hablé, lo hice como yo quería, con mis palabras:
-¿Qué... ha sido eso?- estaba asustada, y necesitaba urgentemente una explicación.
Atlantia me miró a los ojos, no lo puedo decir con seguridad, pero parecía que también estaba un poco sobrecogida con la repentina aparición de su amiga fallecida:
-No te lo puedo asegurar, Aqua, pero pienso que ya no volverá a suceder... Te perdono, Mireia.
Sentí una pequeña agitación de alegría y pude sonreír, esta vez era yo la que sonreía, de momento, me llevaba bien con Mireia, por rara que fuese mi... nuestra situación. Atlantia se acercó a mí y me tomó de las manos, mirándome a los ojos, me dijo:
-Aqua, escucha, esto es muy importante, conocer esto- me soltó una mano para trazar un semicírculo en el aire (o agua, mejor dicho) abarcando el inmenso océano que nos rodeaba.- Tiene sus riesgos, conocer quién eres de verdad, también. Puedo asegurarte que tus padres, tu familia, tus amigos... no saben quién eres, qué eres. Te conocen como Cielo sobre Agua, su hija, nieta, sobrina, amiga... Y nada más, pero tú eres la responsable de la decisión que vas a tomar ahora, dime, Cielo sobre Agua; prefieres quedarte en el mundo nemhirie y vivir como tal, pensando que tus pequeñas hazañas como las del río son pura suerte, o bien, quedarte aquí, en Ialanthilïan, conocer todos sus secretos y aprender a ser una acuarïe, lo que en verdad eres.
Atlantia me miró, expectante, y yo aparté la mirada de sus ojos, aquella era la decisión más dura que tendría que tomar en toda mi vida, u olvidaba mi vida humana, mi familia, mis amigos, mis sueños en aquella vida y me entregaba a vivir como aquella mujer, a la que conocía desde hacía media hora. O le pedía que me devolviera a la playa en la que me encontró, paseando tranquilamente, sin preocupaciones de esencias, almas que no eran tuyas y seres míticos, y me resignaba a pensar que todo aquello había sido un sueño.
Fácil no era, desde luego.
Callé lo que debieron de ser varios minutos pero, al fin, contesté, mirando a los ojos de la reina Atlantia:
-Me quedo con ambas opciones.
Ella sonrió.
Continuará...
Llegué a Acuarïe un día de verano, hace unos tres años. El atardecer cubría de dorado toda la playa en la que pasaba las vacaciones de aquel verano que cambiaría tanto mi vida. El mar estaba tranquilo, suaves ondas recorrían la superficie del agua y yo paseaba sola por la arena, descalza, la playa estaba extrañamente desierta y yo me sentía feliz en aquel lugar, oyendo tan sólo la brisa y las pequeñas olas romper en la orilla.
Aunque iba vestida con unos "shorts" y una camiseta, sentí calor y la necesidad de mojar los pies en el agua refrescante, y así lo hice. En cuanto mi piel tocó el agua, sentí cómo el calor remitía, abandonaba mi cuerpo y suspiré, hacía tiempo que me pasaba eso. Vale, ya sé que nuestro cuerpo necesita el agua para vivir y que alivia nuestra sed, pero a mí me ocurría algo... diferente. No sé cómo explicarlo, yo necesitaba el agua para vivir, era mi centro, era mi necesidad en todos los sentidos. Espero que podáis entender más o menos lo que quiero decir, es difícil explicarlo.
El agua lamía mi piel y me sentía completa, cerré los ojos y suspiré, estaba relajada y contenta, casi sin darme cuenta, el agua me llegaba por encima de los tobillos y la cruzaba sin apenas salpicar. Miré mar adentro y mi boca se abrió, sorprendida. Ante mí, una figura avanzaba desde el mar hacia la playa, concretamente hacia el lugar donde me había parado en seco.
Era una mujer, sus cabellos eran largos y tenían un extraño tinte azulado. Su cuerpo era delgado y esbelto, y lo cubría un extraño vestido verdoso de palabra de honor que descendía desde su cuerpo hacia la superficie del mar, como si el mar entero formara parte de la falda. Era impresionante, pero lo verdaderamente extraño era una especie de máscara que tapaba su rostro, parecía de plástico pero brillaba como si estuviera hecha de plata.
La mujer siguió avanzando, impasible, mis sentidos parecieron despertar y comencé a retroceder hacia la arena, asustada. Vale, me encantaba leer y mi imaginación tenía la fuerza suficiente para "ver" lo que los autores describían en los libros de fantasía, que eran mis favoritos, y en más de una ocasión algún personaje misterioso había surgido de la nada como Pedro por su casa, pero una cosa era imaginarlo y otra muy distinta, vivirlo.
Cuando le quedaban tan sólo uno o dos metros para tocar la orilla, la mujer paró, justo para estar lo más cerca posible de mí, pero sin salir del agua. Entonces yo también paré, aunque sólo había retrocedido unos pasos de mi posición inicial, al observar a la mujer más cerca. Podéis pensar que es una locura pero aquella desconocida despertaba en mí la confianza, la seguridad, y casi me atrevo a decir el cariño que se tiene con un... un... familiar ¡Hala! Ya está dicho, aquella mujer me hacía sentir como en casa.
Cuando habló, su voz sonó como cuando se habla bajo el agua, burbujeante, pero yo la entendía. Sabía que no hablaba en mi idioma, pero aún así, la entendía:
-Saludos, Cielo sobre Agua- Vale, aquello sí que era raro, sabía mi nombre, mi extraño nombre.- No te asustes, soy de confianza.
Parecía que sonreía tras la máscara, que resultaba ser de un material inusual, era una especie de "sólido-líquido", sólido porque se ajustaba perfectamente sin moverse un poquito de su posición inicial sobre el rostro de la mujer, y líquido porque parecía crear ondas en su superficie, como el mar que presenciaba aquella extraña escena. La mujer continuó:
-Mi nombre es Atlantia y soy la soberana del reino de Acuarïe, situado en el mundo de Ialanthilïan, donde vive la Bella Gente o como nos llaman los humanos, las hadas.
Mi cara tuvo que ser un poema, ¿acababa de decir "hadas"? Aquello era de locos, ¿cómo iba a ser aquella mujer un ser fantástico? Pero lo fuerte es que, algo dentro de mí le daba toda la razón a lo que aquella mujer decía, convenciéndome poco a poco. Miré alrededor por si era una cámara oculta o un grupo de niños que se estuvieran riendo de mí, que me estuvieran hubieran gastado una broma... Pero la playa seguía igual de desierta que antes, me giré hacia la mujer y pude balbucir:
-¿Pe... pero... y... sus... alas?- me di un tortazo mental, ¿eso era lo único que se me ocurría preguntar en aquel momento? ¿Por las alas? Nada de su aparición entre las aguas, ni de esa máscara tan rara, ni qué leches de reino era Acuarïe... Qué va, yo tenía que preguntar por las alas de aquella supuesta "hada".
A Atlantia se le borró la sonrisa de la cara, a día de hoy no sé todavía el por qué, y contestó:
-Cielo sobre Agua, siento decepcionarte, pero tengo una manía y es que en el mundo de los humanos o nemhiries, como los llamamos nosotros, no despliego jamás mis alas. Tan sólo en Ialanthilïan o Faerie, supongo que ése nombre te sonará más.
Así era, Faerie sí sonaba a hada, pero ¿Ilanthilïan? Aunque, siendo sincera, Faerie me pareció un nombre vulgar en comparación con Ilanthilïan, que sonaba más... mágico:
-Supongo que tendrás millones de preguntas, pero serán contestadas poco a poco, lo primero que debes saber es que no eres quién crees ser.
-¿Perdón?- Genial, ahora era un extraterrestre o un bicho raro.
-No eres humana, Cielo sobre Agua, bueno, sí lo eres en apariencia, pero tu alma no lo es.
Atlantia calló, supuse que era para dar dramatismo, y continuó solemnemente:
-Eres una acuarïe, como yo, perteneces al reino de Acuarïe, al del mar profundo y las aguas bellas. Formas parte del pueblo de la Bella Gente- Atlantia me tocó el hombro, su mano era húmeda.
De repente, algo dentro de mí se revolvió, inquieto y me llevé la mano al pecho. Sintiendo cómo algo ansiaba por salir e... inundar, sí esa era la palabra, con su fuerza mi cuerpo. Caí en la arena y cerré los ojos, tenía ganas de gritar pero, a la vez, no podía porque me ahogaba. Me faltaba el aire de repente, algo me cogió en brazos y se lanzó conmigo al agua, perdí el conocimiento, aprisionada por las palabras y el tacto de aquella mujer.
Desperté al oír una voz junto a mi oído:
-Cielo sobre Agua, despierta, despierta...
Abrí los ojos y vi el rostro de Atlantia sobre mí, medio sonriendo, todos los recuerdos se apelotonaron en mi mente y me caí de la cama en la que estaba tumbada, del salto que di. Pero algo no encajaba allí, vale, estaba en una habitación con un tocador, un espejo, una cama... lo que se llama una habitación normal y corriente pero había algo en el ambiente que no cuadraba, miré por la ventana y sentí cómo mi corazón dejaba de latir por un segundo.
Estaba en un palacio bajo el mar.
Los bancos de peces de colores pasaban libres junto a mi ventana y los corales brillaban con la luz del sol que llegaba de la superficie, a la izquierda, se distinguía una construcción que parecía un antiguo templo griego, con sus columnas y todo y, a la derecha, una gran torre de mármol que brillaba, gloriosa. Podía sentir el agua rodeándome y dándome una especie de... ¿bienvenida? Miré a Atlantia, y esta asintió:
-Bienvenida de nuevo a tu hogar, Cielo sobre Agua. Bienvenida a Acuarïe.
Continuará...
Me presento, mi nombre es Cielo sobre Agua, aunque mis amigos me llaman sencillamente Aqua. Os preguntaréis (excepto aquellos que ya me conocen) quién es esta desconocida que se pone a hablaros aquí como aquel que pasea por su casa. Pues bien, soy una acuarïe, sí, sí, tal y como lo oyes, una acuarïe.
Una acuarïe es un habitante del reino de Acuarïe, situado en el mundo de Ilanthilïan, el mundo de, como nos llamáis vosotros, los nemhiries, las hadas. Aunque para nosotras esa palabra es como un insulto, por lo que nos hacemos llamar la "Bella Gente".
Pues bien, el reino de Acuarïe, mi hogar desde hace un tiempo, es algo parecido a la imagen que podéis ver como fondo de este blog. Está sumergido en un profundo e inmenso océano de aguas bellas en plan "Atlántida". Aunque no siempre fue así. Pero esa es otra historia.
Vale, ahora viene lo fuerte, yo antes era nemhirie, de hecho lo sigo siendo pero, a veces, como ahora, la acuarïe que llevo dentro sale y lo inunda todo con sus poderes, los del agua. Por eso, para hacer que esa acuarïe que vive dentro de mí se libre de todas las historias y pensamientos que le van ocurriendo a lo largo de su vida, he creado este blog, aquí siempre os hablará mi parte de acuarïe, no de nemhirie. Lo único que hará la parte de nemhirie es encender el ordenador, abrir la cuenta de blogger y empezar a teclear su historia, la mía... La de las dos.
Espero que os guste descubrir conmigo aún más mi parte de acuarïe.
Nos vemos bajo las aguas...
Chicas del Diario de Laila Winter, este blog va especialmente por vosotras.
Bárbara G. Rivero, autora de la maravillosa saga que me hizo descubrir mi parte "Ialanthilïana", simplemente gracias.